Dentro de pocos días en los Estados Unidos se festeja Halloween. A raíz de esta celebración, estuve hablando con una chica que va conmigo a la facultad. Me contó que el colegio en el da clases de inglés no la deja festejar Halloween porque el colegio es católico y Halloween es una celebración de origen pagano.
Más allá de que muchos padres exigen que los colegios respeten las creencias religiosas, no creo que dar a conocer las celebraciones y creencias de otros países sea una mala idea. Es una forma de fomentar la tolerancia entre distintas culturas, la clave para terminar con la discriminación y para crear una cultura de aceptación del otro. Además, a partir del conocimiento de otras culturas los maestros y profesores pueden enseñar a los alumnos a valorar la propia.
Los quiero invitar a conocer la celebración del palo volador (Xajoj K’ooy en k’iche’), que se celebra al norte de Sololá, en Chichicastenango, que significa “lugar de las ortigas”. Es de origen prehispánico y se celebra entre el 17 y el 21 de diciembre en honor a Santo Tomás. Dos personas colgadas con sogas giran alrededor de un tronco de más de 20 metros de altura hasta llegar al suelo. Generalmente usan máscaras de monos, que para los mayas quiches simboliza la expresión del arte, el tejido del tiempo y el de la vida.
Para ver un video de la ceremonia del palo volador, hacé click aquí.